¿Dios se hizo hombre?

La creencia en Dios

La vasta mayoría de los seres humanos siempre ha creído en Dios.  Desde las civilizaciones más antiguas hasta las sociedades modernas más primitivas, las religiones centradas en Dios han conformado la base de la cultura humana.

De hecho, la negación de la existencia de Dios (ateísmo) a lo largo de la historia estuvo limitada a unas cuantas personas hasta el surgimiento del comunismo en el siglo XX.  Aún en las sociedades seculares de occidente, en las que los científicos sociales, armados con teorías darwinistas, sostienen que Dios no es más que una invención del imaginario colectivo humano, la mayoría de los ciudadanos, legos y científicos incluso, se aferran con fuerza a su creencia en Dios.

Por lo tanto, el abrumador acervo arqueológico que apoya la existencia de Dios, ha llevado a que algunos antropólogos lleguen a la conclusión de que la creencia en Dios (deísmo) debe ser  algo innato y no adquirido.  Si bien la gran mayoría de científicos sociales proponen lo contrario, recientes descubrimientos científicos parecen apoyar la opinión minoritaria de que el deísmo es innato.  En un artículo titulado “God Spot found in the Brain (Encuentran punto divino en el cerebro)”, el Dr. Vilayanur Ramachandran de la Universidad de California en San Diego, afirma que el fenómeno de la creencia religiosa en Dios está conectado físicamente en el cerebro.

Encuentran ‘punto divino’ en el cerebro

por Steve Connor

 

Corresponsal científico

LOS CIENTÍFICOS parecen haber descubierto un “módulo divino” en el cerebro, el cual sería responsable del instinto evolutivo del hombre a creer en la religión.

Un estudio realizado en pacientes epilépticos, quienes son conocidos por tener profundas experiencias espirituales, ha localizado un circuito nervioso en la parte frontal del cerebro, el cual parece tener actividad eléctrica cuando piensan en Dios.

Los científicos también afirman que, si bien la investigación y las conclusiones son preliminares, los resultados iniciales sugieren que el fenómeno de la creencia religiosa está “integrado” al cerebro.

Los pacientes epilépticos que sufren ataques en el lóbulo frontal del cerebro sostienen que a menudo experimentan intensos episodios místicos y se obsesionan con la espiritualidad religiosa.

Un equipo de neurocientíficos de la Universidad de California en San Diego, declararon que la explicación más intrigante es que el ataque provoca una sobreestimulación de los nervios de una parte del cerebro llamada “módulo divino”.

“Quizás existe una maquinaria neurológica especializada en los lóbulos temporales relacionada con la religión.  La misma puede haber evolucionado para imponer el orden y la estabilidad en la sociedad”, declaró el equipo en una conferencia la semana pasada.  Los resultados indican que el hecho de que una persona crea o no en una religión, o incluso en DIOS, puede depender de cuán desarrollada esté esta parte del circuito eléctrico cerebral.

El Dr. Vilayanur Ramachandran, jefe de investigación del equipo, sostuvo que el estudio implicó la comparación entre un grupo de pacientes epilépticos, un grupo de personas normales y un grupo que dijo tener una intensa religiosidad.  Los sensores eléctricos colocados en la piel – una prueba habitual para determinar la actividad eléctrica en los lóbulos temporales del cerebro – mostraron que los epilépticos y las personas profundamente religiosas tuvieron una respuesta similar cuando se les presentaron palabras que invocan una creencia espiritual.

Los científicos evolutivos sugieren que la creencia en Dios, una característica común que se encuentra en las sociedades humanas en todo el mundo y a lo largo de la historia, puede estar inserta en el complejo circuito eléctrico cerebral como una adaptación darwinista para alentar la cooperación entre las personas.  Si la investigación es correcta y existe un “módulo divino”, podría sugerir que los ateos tendrían un circuito neurológico diferente.  Un vocero de Richard Harries, Obispo de Oxford, sostuvo que la existencia o no de un “módulo divino” es una inquietud para los científicos, no para los teólogos.  “No habría de sorprendernos que Dios nos haya creado con una capacidad física para ser creyentes”, afirmó.[1]

A pesar de la creciente evidencia de que el hombre nace con una “capacidad física para ser creyente”, el hecho de que el concepto de Dios haya variado enormemente en las sociedades humanas sigue llevando a que muchos pensadores, aún aquellos que creen en Dios, afirmen que las religiones son una creación humana.  No obstante, diversas investigaciones exhaustivas revelan un rastro teológico común que une a las distintas religiones.  Ese vínculo es la creencia en un Ser Supremo por encima de otros dioses, una base monoteísta que se encuentra aún en los sistemas religiosos más panteístas.  Por ejemplo, el concepto de Dios en el hinduismo existe, como un ejemplo entre muchas religiones, el cual sostiene que los seres humanos eran monoteístas originalmente y, a través de diversos procesos degenerativos, se fueron volviendo politeístas.  A pesar de sus muchos dioses e ídolos, el hinduismo tiene un solo Dios Supremo, Brahmán.

Tradicionalmente, la mayoría de los antropólogos concluyen que la religión surgió a partir de diversas etapas del politeísmo hacia el monoteísmo, comenzando con la atribución de caracteres divinos a las fuerzas de la naturaleza, y luego, eventualmente, pasando a un diteísmo y de allí a consolidar todos los poderes supernaturales en dos dioses principales (un dios del bien y un dios del mal), simplificando por último toda la creencia en un solo dios, el monoteísmo.

Por lo tanto, la religión, según los antropólogos y los científicos sociales, no tiene origen divino; es simplemente un producto secundario de la evolución de las primeras supersticiones del hombre, basado en su falta de conocimiento científico.  De allí que los mismos teóricos crean que la ciencia terminará por desentrañar todos los secretos de la naturaleza, dando como resultado el desuso de la religión para explicar los fenómenos naturales, y la consecuente extinción de la religión por completo.

Sin embargo, la creencia innata del hombre en un Ser Supremo parece apoyar la visión opuesta, que propone que el hombre comenzó monoteísta, pero con el paso del tiempo, se descarrió en diversas formas de politeísmo.  Esta opinión tiene aún más apoyo en el hecho de que todas las llamadas tribus primitivas, que fueron “descubiertas”, ya creían en un Ser Supremo.  Más allá de la etapa evolutiva en la que haya estado su desarrollo religioso al momento del “descubrimiento”, la mayoría de ellos creían en un Ser Supremo por encima de todos los otros dioses y espíritus.  Como tal, el concepto de un Ser Supremo permanece intacto en la mayoría de las religiones como evidencia de que las masas se alejaron del monoteísmo, otorgándole atributos divinos a otros aspectos de la creación, los cuales pasaron a ser considerados como dioses menores en algunos casos o intercesores en otros.  No obstante, un Dios Supremo,  sea cual fuere Su forma, es el centro de la mayoría de las religiones.[2]

 

Los Dioses

No obstante, sigue quedando un aspecto de la creencia en Dios que desafía toda lógica o razón, pero que se ha convertido en la piedra fundamental de la fe: la creencia de que Dios se hizo hombre.  En el momento en que la creencia monoteísta original en Dios se degeneró y pasó a tener intermediarios entre los seres humanos y el Ser Supremo, ya sea para lograr conquistas humanas o actuar en nombre de Dios en el mundo, los intermediarios se convirtieron en objetos de adoración.  Los intermediarios a menudo fueron concebidos como espíritus aparecidos en todas las manifestaciones de la naturaleza.  En consecuencia, los seres humanos de tiempos primitivos han adorado a espíritus del bosque, los ríos, el cielo, la tierra, etc., hasta el día de hoy.  En algunas ocasiones adoraban a la naturaleza, en otras adoraban símbolos que representaban la naturaleza.  Los sistemas religiosos, que evolucionaron de esos tipos de creencias, tendían a estar localizados y permanecer esparcidos entre los distintos pueblos de todo el mundo hasta la actualidad.  Tales creencias no convergían en un sólo sistema de creencias de impacto internacional, al menos en lo que consta en los registros de la historia humana.

Por otro lado, en ese punto en el que la creencia monoteísta se degeneró en la personificación del poder de Dios como entes intermediarios separados, representados por imágenes, los ídolos se convirtieron en un punto focal para adorar a Dios.  Los poderes de Dios se convertían en dioses.  Tales creencias han culminado, en tiempos antiguos y modernos, como religiones naturales de impacto internacional.  Las antiguas religiones egipcias, griegas y romanas han desaparecido debido al dominio del Cristianismo sobre tales imperios.  Sin embargo, la expresión india del Hinduismo sobrevivió, tanto a la colonización musulmana como a la cristiana, y permanece como la religión nacional de aproximadamente mil millones de personas en la India.  El Cristianismo y el Islam, con la excepción de Bali en Indonesia, han suplantado su impacto internacional directo en la mayor parte del Lejano Oriente.  Sin embargo, las distintas formas del Budismo, su vástago, se han convertido en la principal religión de cientos de millones en el Lejano Oriente.  Las distintas formas del movimiento reformista hindú siguen esparciéndose hoy en occidente.

 

El hombre es Dios

Según el Hinduismo, el concepto básico es que todo es Dios.  Básicamente, no hay distinción entre Dios y Su creación.  En la filosofía hindú, todo ser vivo tiene un ser o alma llamado Atman.  Normalmente se cree que el alma es en realidad Dios, llamado Brahmán.  En consecuencia, la esencia de la creencia hindú es la idea de que Atman y Brahmán son lo mismo; en otras palabras, el alma humana es divina.  Aún más, la sociedad humana está dividida en castas o clases, en la que cada una representa a los seres humanos que llegaron a la existencia desde distintas partes del ser divino, Brahmán.  La casta superior, los Brahmanes, provienen de la cabeza de Dios; mientras que la casta inferior, los Sudras, provienen de los pies de Dios.  Si bien oficialmente hay sólo cuatro castas principales, en realidad hay muchas sub-castas.  Cada una de las castas principales se divide en miles de castas menores.  Los hindúes creen que cuando una persona muere, se reencarna.  El alma, Atman, de la persona muerta nunca muere, sino que continúa volviendo a nacer.  Si las personas son buenas en la vida, volverán a nacer en una casta superior en su próxima vida.  Por otro lado, si fueron malos en esta vida, volverán a nacer en una casta inferior, que es una de las razones por las cuales tantos hindúes se suicidan cada año.  A diario los periódicos dan cuenta de incidentes con personas o familias enteras que se ahorcan de los ventiladores de techo de sus casas.  En una edición reciente de un periódico local, un hindú se mató cuando la India perdió un juego de críquet frente a Sri Lanka.  Cuando el sistema de creencia de una persona se basa en la reencarnación, el suicido se convierte en un camino fácil para evadir las dificultades de la vida.

Cuando una persona llega a la casta superior, los Brahmanes, después de varias reencarnaciones, termina el ciclo de nacimientos y se reúne con Brahmán.  Este proceso de reunificación se llama Moksha, mientras que en el Budismo es llamado Nirvana[1].  El Atman se reúne nuevamente con Brahmán.  Así, el hombre se vuelve Dios.

 

Dios se convierte en Sus Criaturas

En la creencia hindú, los atributos de Brahmán se manifiestan en forma de distintos dioses.  El atributo de la creación se convierte en el dios creador, Brahma; el atributo de la conservación se convierte en el dios conservador, Vishnu; y el atributo de la destrucción se convierte en el dios destructor, Siva.  El más popular de los tres, Vishnu, se encarna en los seres humanos en distintos puntos de la vida.  Esta encarnación es conocida en sánscrito como avatar, que significa “descenso”.  La misma representa el descenso de Dios al mundo humano, convirtiéndose en ser humano o en alguna de las criaturas de este mundo.  Principalmente, el término avatar se refiere a las diez apariciones principales del dios Vishnu.  Una de ellas es Matsya, la encarnación de Dios como pez; Kurma, en forma de tortuga; Varaha, en forma de jabalí; Narasimha, como mitad hombre mitad león; Vamana, como enano; y quizás la más común de todas, Rama, la encarnación humana.  Rama es el héroe de la épica, Ramayana, sobre la cual se hacen películas muy populares en la India.  El otro dios popular es Krishna, la otra encarnación de Vishnu como ser humano.  Su épica es la Mahabharata , que describe el descenso de los dioses en formas humanas para salvar a la diosa Tierra, oprimida por los demonios, agobiada por la superpoblación y en peligro de disolución[2].  Existen diversas variaciones de esta creencia con respecto a la cantidad de encarnaciones que existen y sobre las distintas formas animales que adoptan, pero en general siguen esas manifestaciones.  En consecuencia, en el Hinduismo, la fe de una quinta parte de la humanidad, el hombre es Dios o parte de Dios.  La diferencia entre el Creador y Su creación es sólo superficial.

El budismo popular comparte el concepto hindú de la encarnación con sus propias modificaciones.  Ellos consideran que todo ser consciente posee la “naturaleza de Buda” y, por lo tanto, es capaz de convertirse en Buda.  Buda, en las antiguas enseñanzas[3], era un verdadero maestro humano que vivió y enseñó.  Sin embargo, en el budismo Mahayana, la idea del Buda “eterno”, personificando la verdad absoluta, fue cambiando, y Buda fue elevado al estatus de Dios.  Para revelar su mensaje a la humanidad, este Buda eterno se manifiesta de tiempo en tiempo como un Buda terrenal para vivir y trabajar entre los seres humanos.  Por lo tanto, Siddhartha Gautama, fundador del Budismo, fue sólo una de las apariciones terrenales, una aparición fantasmagórica creada por el Buda eterno[4].  El budismo incorporó los elementos del sistema indio de los dioses y el cielo, y respondió a la popularidad del hinduismo Bhakti, la devoción personal a las deidades salvadoras.  La naturaleza Absoluta o naturaleza de Buda fue vista por algunos como poseedora de atributos que se manifiestan como Budas y bodhisattvas[5]  eternos, que existieron en reinos espirituales y ofrecían sus méritos, protección y ayuda para lograr la iluminación de sus seguidores y devotos.

Los principales entre los bodhisattvas eternos eran Avalokitesvara, personificación de la compasión, y Manyusri, personificación de la sabiduría.  Entre los Budas eternos estaban Aksobhya (el Imperturbable), Amitabha (Luz eterna) y Amitayus (Vida eterna).

 

Footnotes:

[1] The Sunday Times, 2 Nov. 97, p. 19.

[2] Como dice Dios en el Sagrado Corán: “Conságrate [¡Oh, Muhammad!] al monoteísmo, que ello es la inclinación natural con la que Allah creó a los hombres. La religión de Allah es inalterable y esta es la forma de adoración verdadera, pero la mayoría de los hombres lo ignoran”. –(Corán 30:30)

[1] Se trata de una palabra sánscrita que significa “extinción”, en referencia a la extinción de todos los deseos humanos, o salvación. Si bien el término tuvo origen en las escrituras védicas (Bhagavad-Gita y los Vedas), se asocia normalmente con el budismo. En el budismo Hinayana, el término equivale a extinción, mientras que en el budismo Mahayana es un estado de bendición (Dictionary of Philosophy and Religion, p. 393).

[2] El centro teológico de la épica es la Bhagayad Gita (Dictionary of World Religions, p. 448).

[3] El budismo Theravada, la Doctrina de los Mayores, es esencialmente una disciplina que un individuo practica para lograr la salvación de sí mismo y por sí mismo. Sólo los monjes, que tienen la resistencia y la fuerza de voluntad para vivir la extenuante vida religiosa, pueden alcanzar esta meta, y quien la alcanza es llamado arhant. Existen dos tipos de Nirvana, uno con residuo y el otro sin él. El primero es alcanzado por el arhant aquí y ahora, los cinco agregados (skandhas: los cuales comprenden a todos los individuos: materia, sensación, percepción, predisposición y conciencia) siguen presentes, aunque los anhelos que llevan al renacimiento constante se extinguen. El Nirvana sin residuo se refiere al estado del arhant después de la muerte y respecto al cual Buda permanece en silencio. Sólo puede haber un Buda en un Eón y la iluminación está reservada para unos pocos elegidos. Este aspecto del budismo es llamado Hinayana, o Vehículo Menor.

Con el paso del tiempo después de la muerte de Buda, los monjes Theravada fueron criticados por ser muy cerrados e individualistas en sus enseñanzas. Surgió el disenso y evolucionó el budismo. Así paso a dominar una nueva forma, Mahayna, o Vehículo Mayor (Dictionary of World Religions, p.126.127).

[4] Dictionary of World Religions, p.129

[5] Originalmente, este término se refería  a los primeros Budas, cuando aún se encontraban en su búsqueda de iluminación. En Mahayana, el bodhisattva pospone su iluminación completa y el logro del nirvana para poder ayudar a los demás seres en su búsqueda de iluminación (Dictionary of World Religions, p.112).

 

Dios se convierte en un hombre

La creencia cristiana en la encarnación de Dios tiene sus orígenes en las creencias de los antiguos griegos.  Los diversos términos utilizados para describir a Dios convertido en hombre se encuentran en el Evangelio de Juan 1:1 y 1:14, “En el principio era el Verbo (logos), y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios”.  Juan continúa diciendo: “Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros lleno de gracia y de verdad…” (RVR 1995).  Si bien el término griego logos se traduce como “palabra” (o “verbo”), no existe un equivalente exacto en nuestro idioma.  Su importancia radica en su uso como vocablo técnico en el pensamiento metafísico griego desde el siglo VI a.C.  hasta el siglo III de la era cristiana, y en su apropiación por parte de pensadores judíos y cristianos.  Primero apareció en las expresiones de Heráclito (540-480 a.C.) como el principio motivador del universo, pero para la época de Aristóteles fue suplantado por el poder inmaterial nous y convertido en poder material.  Logos reapareció en el sistema de los Estoicos, quienes denominaron a su principio de teología tanto logos como Dios.  Filón (fallecido en el año 50 de nuestra era), filósofo judío alejandrino, identificó la palabra creativa del Antiguo Testamento con el logos de los Estoicos.  El logos pasó a ser un principio trascendente, como el medio a través del cual Dios se expresa en el mundo.  Pero logos también tenía una función redentora; era el medio hacia una naturaleza espiritual más elevada.  En el Evangelio de Juan, el logos es creador y redentor a la vez; el segundo aspecto recibe un mayor énfasis en relación al primero[1].

Esta creencia exigía una razón, para la cual se inventó el concepto del pecado original y del divino sacrificio.  Se decía que, debido al pecado de Adán, que se acumuló a través de las generaciones hasta que fue tan grande que no habría sacrificio humano que pudiera eliminarlo, era necesario un sacrificio divino.  En consecuencia, Dios tuvo un hijo humano, que era Dios mismo encarnado.  Más tarde, el hijo de Dios murió en una cruz como sacrificio a Dios para toda la humanidad.  El hijo, que es Dios mismo, resucitó luego y hoy se sienta a la derecha del trono de Dios, esperando para juzgar a la humanidad cuando llegue el fin del mundo.  Por eso para los cristianos, una quinta parte de la humanidad, Dios se convirtió en hombre en un solo momento de la historia de este mundo, y creer en Su encarnación es esencial para la salvación.

 

Los hombres se convierten en Dios

Desde la perspectiva de la humanidad de Jesús, la creencia cristiana de que él es Dios puede ser percibida como la simple elevación de un ser humano a un estatus divino.  Sin embargo, existe otro conjunto de creencias entre algunos seguidores del Islam que, al igual que el hinduismo y el budismo, ofrecen a los seres humanos la oportunidad de convertirse en Dios.

El origen de esas creencias puede encontrarse en el misticismo, cuyas raíces se hallan en las antiguas religiones misteriosas griegas.  El misticismo se define como una experiencia de unión con Dios, y la creencia de que el principal objetivo del hombre en la vida está en buscar esa unión.  El filósofo griego Platón propuso este concepto en sus escritos, especialmente en su Simposio.  En él describe cómo el alma humana puede ascender espiritualmente, hasta que finalmente se hace uno con Dios nuevamente[2].  La base de esta creencia es la enseñanza de que los seres humanos son, de hecho, partes de Dios que han quedado atrapadas en este mundo material.  El cuerpo físico recubre el alma humana.  Consecuentemente el alma, en su opinión, es divina.  La parte de Dios que está atrapada en este mundo debe liberarse del mundo material y reunirse con Dios.

Entre los musulmanes surgió una secta que promovió la misma idea.  Sus seguidores son llamados tradicionalmente “Sufis”, y su sistema de creencias es llamado “Sufismo”.  Este término se traduce habitualmente como “misticismo” o “misticismo islámico”.  Se basa en el mismo concepto que el de la mística griega – que dice que el alma humana es divina y que la manera en que se reúne con Dios es a través de ciertos ejercicios espirituales.  Diversos grupos de Sufis evolucionaron hacia cultos llamados “Tariqahs” (caminos).  Cada culto recibía el nombre de su fundador real o supuesto, y cada uno tenía sus propios ejercicios espirituales, los cuales sus miembros cumplían estrictamente.  La mayoría enseñaba que después de que los seguidores llevaran a cabo los ejercicios espirituales, emocionales y físicos prescritos, se unificarían con Dios.  Esta unión recibió el nombre árabe de fanaa, que significa “disolución”[3] o wusuul, que significa “llegada”.  El concepto de “unidad con Dios” fue rechazado por los estudiosos musulmanes tradicionales, pero aceptado por algunas masas.  En el siglo X, un devoto Sufi, Al-Hallaaj (858-922), anunció públicamente que él era Dios, y escribió poemas y un libro llamado Kitaab at-Tawasin con ese fin.  En él escribió: “Si no reconoces a Dios, al menos reconoce Su signo; soy la única verdad absoluta porque a través de la verdad soy la verdad eterna.  Mis amigos y maestros son Iblís[4] y el Faraón.  Iblís fue amenazado con el Infierno, porque no admitía que hubiera nada entre él y Dios, y aunque me maten y crucifiquen, y me corten las manos y los pies, no me retractaré”[5].

Ibn ‘Arabi (fallecido en 1240) llevó el concepto de unidad con Dios un paso más allá, afirmando que sólo existe Dios.  En una de sus obras escribió lo siguiente: “Gloria a Él, quien hizo aparecer todas las cosas, a la vez que constituye su esencia”[6].  Y en otro libro escribió: “Él es la esencia de todo lo que aparece, y Él es la esencia de lo que está oculto cuando Él aparece.  Quien Lo ve es sólo Él y nadie se oculta de Él porque Él aparece ante Él mismo, a la vez que está oculto”[7].  Ese concepto es llamado Wahdatul-wuyud (unidad de la existencia) y se hizo muy popular entre los Sufis en todo el mundo musulmán.

 

¿Por qué?

¿Qué fue lo que llevó a la gente a creer que Dios se hizo hombre o que Dios y el hombre eran uno solo?  La razón fundamental era la incapacidad que esta gente tenía para entender o aceptar el concepto de que Dios creó este mundo a partir de la nada.  Ellos percibían a Dios como a ellos mismos, creando cosas a partir de lo que ya existe.  Los humanos crean cosas manipulando lo que ya existe y modificando su estado, su forma y su apariencia, para darles distintas funciones.  Por ejemplo, una mesa de madera fue alguna vez un árbol en el bosque, y sus clavos y tornillos alguna vez fueron vetas de hierro en las rocas subterráneas.  Los humanos cortaron el árbol y le dieron forma de mesa; extrajeron el hierro, lo fundieron, y le dieron la forma a las piezas que componen la mesa.  Luego unieron todas las partes para así crear la mesa con sus distintos usos.  De igual manera, las sillas plásticas en las que nos sentamos alguna vez fueron petróleo líquido, almacenado en las entrañas de la tierra.  Es imposible imaginarnos sentados sobre petróleo de la misma manera que nos sentamos sobre una silla.  Sin embargo, gracias a la capacidad humana de manipular los componentes del petróleo, se produce el plástico y se fabrican las sillas para que los humanos se sienten en ellas.  Esa es la esencia de la actividad humana; los humanos simplemente modifican y transforman lo que ya existe.  No crean los árboles ni producen el petróleo.  Cuando hablan de producción de petróleo, en realidad se está hablando de extracción.  El petróleo fue creado a través de millones de años de procesos geológicos; luego los humanos lo extrajeron de la tierra y lo refinaron.  Tampoco crearon los árboles.  Aún si los hubieran plantado, no crearon las semillas originales.

En consecuencia, los humanos, en su ignorancia de Dios, a menudo conciben a Dios como un ser igual a ellos.  Por ejemplo, en el Antiguo Testamento dice lo siguiente: “Dios creó al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó”.  Para los hindúes, Purusa es el Dios creador, Brahma, en su forma humana; y tal como los humanos crean manipulando el mundo existente que los rodea, el dios creador debe hacer lo mismo.

Según la filosofía Hindú, Purusa es un retoño gigante de Brahma, con mil cabezas y mil ojos.  De él surgió Viraay, su contraparte femenina y compañera en el proceso de creación.  Purusa es también la ofrenda de sacrificio (vv. 6-10), y de su cuerpo desmembrado surgieron las cuatro castas sociales tradicionales (varnas)[8].  El himno de Purusa sostiene que los Brahmanes eran la boca de Purusa; los Ksatriyas (nobles), sus brazos; los Vaishyas, sus muslos; y los Shudras, sus pies[9].  La incapacidad de los hindúes de concebir a Dios como creador de este mundo a partir de la nada, los llevó al concepto de que Dios creó al mundo a partir de sí mismo, y a su pueblo a partir de las distintas partes de Su cuerpo.

La capacidad humana de entender las ideas y conceptos es limitada.  Los seres humanos no pueden captar ni entender lo infinito.  La creencia que Dios le enseñó a Adán, era que Dios creó este mundo a partir de la nada.  Cuando Él quería que algo existiese, simplemente lo decía y Su orden hacía que existieran aquellas cosas que antes no existían.  Este mundo y su contenido no fueron creados a partir de Dios mismo.  De hecho, el concepto de Dios como creador del mundo a partir de Sí mismo, reduce a Dios al nivel de sus criaturas, quienes simplemente crean algo a partir de otra cosa ya existente.  Aquellos que sostenían y siguen sosteniendo esa creencia, son incapaces de captar el carácter único de Dios.  Él es Único y no existe nada como Él.  Si Él hubiera creado el mundo a partir de Sí mismo, sería como Sus criaturas.

 

¿Dios se hizo hombre?

La pregunta que falta es si Dios se hizo hombre.  Hablando lógicamente, la respuesta es no, porque el concepto de Dios hecho hombre contradice el significado básico de la palabra “Dios”.  La gente comúnmente dice que Dios puede hacer todo; cualquier cosa que desee, puede hacerla.  La Biblia de los cristianos dice lo siguiente: “…para Dios, todo es posible” (Mateo 19: 26; Marcos 10: 27, 14: 36).

El Corán de los musulmanes dice:

“…Ciertamente, Allah (Dios) tiene poder sobre todas las cosas.” (Corán 2:20)

Las escrituras hindúes tienen también textos con significados similares.

Todos los principales textos religiosos contienen expresiones generales relacionadas con el concepto básico de la omnipotencia divina.  Dios es Más Poderoso que todo lo que existe, y a través de Él todo es posible.  Si se traduce este concepto general a términos prácticos, uno debe primero identificar y entender los atributos básicos de Dios.  La mayoría de las sociedades perciben a Dios como un ser eterno, sin comienzo ni fin.  Sobre la base de que Dios puede hacerlo todo, ¿cuál sería la respuesta a la pregunta sobre si Dios podría morir? Dado que morir es parte de ese “todo”, ¿podría decirse “Si así lo deseara”? Por supuesto que no.

Entonces estamos frente a un problema.  Dios se define como un ser eterno, sin fin, y morir significa “llegar a un fin”.  Por lo tanto, preguntar si Dios puede morir es en realidad una pregunta sin sentido.  Se contradice a sí misma.  De igual manera, preguntar si Dios puede nacer también es absurdo, porque Dios ya fue definido como eterno, sin un comienzo.  Nacer significa tener un comienzo, pasar de no existir a existir.  En la misma línea, los filósofos ateos suelen preguntarles a los creyentes: “¿Puede Dios crear una roca que sea tan pesada que Él mismo no pueda levantarla?”.  Si el creyente responde que sí, significa que Dios puede crear algo más grande que Él y sobre lo que no tiene control.  Si la respuesta es no, significa que Dios no tiene poder suficiente para crear cualquier cosa.

Por lo tanto, la palabra “todo” en la frase “Para Dios todo es posible”, excluye los absurdos.  No puede incluir aquellas cosas que contradigan Sus atributos divinos; cosas que lo harían menos que Dios, como olvidar, dormir, arrepentirse, crecer, comer, etc.  Por el contrario, incluye sólo “todo” aquello que sea consistente con su carácter divino.  Ese es el significado de la frase “Para Dios todo es posible”.  No debe entenderse en sentido absoluto; debe ser algo específico.

La afirmación de que Dios se hizo hombre también es un absurdo.  No es propio de Dios adoptar características humanas, porque significa que el Creador se ha convertido en Su creación.  Por el contrario, la creación es un producto del acto creativo del Creador.  Si el Creador se convirtió en Su creación, significaría que el Creador se creó a Sí mismo, lo cual es obviamente un absurdo.  Para ser creado, primero tendría que haber sido inexistente; y si no existía, ¿cómo pudo entonces crear? Más aún, si fuera creado significaría que tuvo un comienzo, lo cual también contradice su carácter eterno.  Por definición, la creación necesita un creador.  Para que los seres creados existan debe haber un creador que los haga existir.  Dios no puede necesitar un creador porque Dios es el creador.  Por lo tanto, existe una contradicción obvia en dichas afirmaciones.  La noción de que Dios se convirtió en Su creación implica que necesitaría un creador, lo cual es un concepto absurdo, que contradice el concepto fundamental de que Dios no fue creado, y que no necesita un creador ya que Él es el Creador.

 

¿Puede el hombre convertirse en Dios?

El hombre es un ser limitado (es decir, es creado).  El hombre nace y luego muere.  Esas son características que no se le pueden atribuir a Dios porque lo igualan con Su creación.  Por lo tanto, Dios no se hizo ni se hará hombre nunca.  Por otro lado, el hombre tampoco puede alcanzar la divinidad.  Lo creado no puede volverse su propio creador.  Lo que fue creado alguna vez no existía antes.  Pasó a existir por el acto creativo de un Creador que siempre existió.  Lo no existente no puede hacerse existir a sí mismo.

En cuanto al concepto paralelo de que el alma o el espíritu humano es divino, es una manera de decir que el hombre puede hacerse Dios.  Esta filosofía forma la base del misticismo griego, cristiano y musulmán, como también de la teología hindú, y extiende la divinidad a todos los humanos y posiblemente a todas las criaturas vivas.  Comienza con la premisa de que, en algún momento de la historia del universo, pequeñas partes de Dios comenzaron a ser rodeadas por cuerpos materiales y fueron confinadas en la tierra.  En otras palabras, lo infinito pasó a estar contenido en lo finito.  Esta creencia le atribuye el mal a Dios, y finalmente elimina el significado del bien y el mal.  Cuando el alma humana pretende hacer el mal y lo hace con el permiso de Dios, tal acto es puramente malo y digno de castigo.  De allí que se inventó el concepto de karma.  Todo lo que va, vuelve.  El karma explica el inexplicable sufrimiento, afirmando que es la consecuencia del mal en una vida anterior.  Dios castiga todo el mal provocado por Sus partes dentro del hombre.  No obstante, si las almas humanas tienen una voluntad distinta a la de Dios, no pueden ser Dios al mismo tiempo.  Así, cada ser humano se convierte a sí mismo en un dios.

 

¿Dios tuvo un hijo?

Si Dios no se hizo hombre, ¿tuvo Él un hijo? Puesto que Dios puede hacer cualquier cosa, debería poder tener un hijo.  Sin embargo, esa afirmación reduce a Dios al estatus de Su creación.  Las criaturas procrean engendrando versiones más pequeñas de sí mismas, que luego crecen y reproducen copias de sí mismas, y así sucesivamente.  Los perros tienen cachorros, las vacas tienen terneros y los hombres tienen bebés.  Por lo tanto, ¿qué tiene Dios – un Dios bebé? Los Dioses deben engendrar Dioses.  Pero para que Dios tenga un hijo, debe existir otro Dios aparte de Él.  No es propio de Dios tener un hijo, pues eso Lo igualaría con Su creación.

Todo lo que no es Dios pasa a existir por mandamiento de Dios, no es que Dios se convierte en Su creación o que una parte de Dios se convierte en Su creación.  Dios no se convierte en Su creación ni tampoco engendra creación.  Dios es Dios, el Creador; y el hombre y el contenido del universo son Su creación.  Aunque los humanos no puedan captar el concepto de crear algo a partir de la nada, eso es exactamente lo que Dios hizo y hace.  Sólo Él crea a partir de la nada, lo cual es uno de los atributos que Lo hacen único y distinto de Su creación.  Su acto de creación es totalmente distinto al de los seres humanos.

Esa fue la esencia del mensaje de todos los verdaderos mensajeros y profetas de Dios enviados a la humanidad – Abraham, Moisés, Jesús y Muhammad –; como también de aquellos enviados por todo el mundo y cuyos nombres son ahora desconocidos para la humanidad – que la paz y las bendiciones de Dios desciendan sobre todos ellos.  Hoy día, este mensaje preciso sólo puede encontrarse en el Corán: la última escritura revelada por Dios a la humanidad.  Este mensaje permanece fuerte y claro sólo en el Corán porque ha permanecido inalterado desde el momento de su revelación, más de mil cuatrocientos años atrás, hasta el día de hoy.

Dios dice lo siguiente en el Corán a quienes pretenden igualarlo con Su creación, o viceversa:

“…No hay nada ni nadie semejante a Dios…” (Corán 42:11)

También dice lo siguiente a aquellos que Le atribuyen un hijo:

“No es propio [de la grandiosidad] del Clemente tener un hijo.” (Corán 19:92)

Agrega lo siguiente para aquellos que creen que Él creó el mundo a partir de Sí mismo:

“Ciertamente cuando decide decretar algo dice: ¡Sé!, y es.” (Corán 36:82)

A los politeístas les dice:

“Dios no ha tenido un hijo, ni existe otra divinidad salvo Él.  Si así fuera, cada divinidad acapararía su propia creación, y entonces pretenderían predominar unas sobre otras.  ¡Glorificado sea Dios!  Dios está por encima de lo que Le atribuyen.” (Corán 23:91)

 

Les pregunta a los ateos:

“¿Acaso surgieron de la nada [sin Creador] o son ellos sus propios creadores?” (Corán 52:35)

En referencia a Jesús y su madre María, confirmó el carácter humano de ambos diciendo estas simples palabras:

“El Mesías hijo de María es sólo un Mensajero, igual que los otros Mensajeros que le precedieron, y su madre fue una fiel y veraz creyente. Ambos comían alimentos [como el resto de la humanidad]...” (Corán 5:75)

Es muy importante que todo ser humano comprenda el concepto de que Dios no se hace hombre, ya que este es el fundamento que diferencia al Islam de las otras religiones existentes.  Todas las otras religiones tienen un concepto distorsionado de Dios, de una forma u otra.  La idea más importante a entender es que Dios no se hizo hombre.  Dios es único; sólo Él merece ser adorado por Su creación.  Creer que un hombre es Dios o que un hombre se hizo Dios y adorar a ese hombre, es el mayor de los pecados y el mayor mal que los humanos pueden cometer en este mundo.  Entender ese concepto es de extrema importancia porque forma la base para la salvación.  No puede haber salvación sin no se acepta ésto.  Sin embargo, esta creencia por sí sola no significa la salvación.  Una verdadera y correcta creencia debe traducirse en hechos prácticos, y no permanecer en el ámbito del conocimiento, para convertirse en una fe pura.  El ser humano tiene que llevar una vida de rectitud, basada en la creencia correcta, para poder lograr la salvación.  Pero el punto de partida es saber quién es Dios, saber que Dios nunca se hizo y nunca se hará ser humano.

 

Footnotes:

[1] Ver Dictionary of Philosophy and Religion, p.314.

[2] Ver Colliers Encyclopedia, vol.17, p.114.

[3] Ver Ihyaa ‘Ulum ad-Din, vol. 4, p. 212.

[4] Nombre propio de Satán según el credo musulmán.

[5] Ver Idea of Personality, p. 32.

[6] Ver Al-Futuhaat al-Makkiyyah, vol. 2, p. 604

[7] Ver Fusus al-Hikam, vol. 1, p. 77.

[8] Ver Dictionary of World Religions, p. 587

[9] Ver The New Encyclopedia Britannica, vol. 20, p. 552.

 

Por Dr. Bilal Philips

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