¿Cómo comportarse al ser afligido por la enfermedad?

Antes de hablar sobre cómo un creyente se comporta cuando está enfermo o lesionado, es importante entender lo que enseña el Islam sobre la vida en este mundo. Nuestra existencia aquí en la Tierra no es más que un paso transitorio en el camino hacia nuestra vida real en el más allá. El Paraíso o el Infierno, uno de ellos será nuestra morada permanente.

Este mundo es un lugar donde estamos a prueba. Dios lo creó para nosotros, para nuestro disfrute, pero es un lugar de más que solo placeres mundanales. Es aquí donde realmente cumplimos nuestro propósito verdadero; vivimos nuestras vidas basados en la adoración a Dios. Reímos, jugamos, lloramos y sentimos dolor y tristeza, pero cada condición y cada emoción son de Dios. Reaccionamos con paciencia, agradecimiento y esperanza por la recompensa eterna. Tememos el castigo eterno y sabemos con certeza que Dios es la fuente de toda misericordia y todo perdón.

“La vida en este mundo no es más que distracción y diversión, la vida del más allá es la vida verdadera. ¡Si supieran!” (Corán 29:64)

Dios no nos creó y luego nos abandonó a los placeres y pruebas de la vida. En lugar de ello, Él envió mensajeros y profetas para enseñarnos, y libros de revelación para guiarnos. También nos brindó incontables bendiciones. Cada bendición hace la vida maravillosa y a veces soportable. Si nos detenemos por un momento y contemplamos nuestra existencia, las bendiciones de Dios se hacen evidentes. Observa la lluvia cayendo, siente el cosquilleo del sol sobre tu piel, toca tu pecho y siente el fuerte latir rítmico de tu corazón. Estas son bendiciones de Dios y debemos ser agradecidos por ellas, así como por nuestros hogares, nuestros hijos y nuestra salud. Dios nos dice, sin embargo, que seremos puestos a prueba. Él dice:

“Los pondremos a prueba con algo de temor, hambre, pérdida de bienes materiales, vidas y frutos, pero albricia a los pacientes”. (Corán 2:155)

Dios nos ha aconsejado que soportemos nuestras pruebas y tribulaciones con paciencia. Sin embargo, esto es difícil si no entendemos primero que todo lo que ocurre en el universo, ocurre con el permiso de Dios. Ninguna hoja cae del árbol sin el permiso de Dios. Ningún negocio se desmorona, ningún auto choca y ningún matrimonio termina sin el permiso de Dios. Ninguna enfermedad ni lesión toca a un ser humano sin el permiso de Dios. Él tiene poder sobre todas las cosas. Dios hace lo que hace por razones que muchas veces están más allá de nuestra comprensión, y por razones que pueden o no resultarnos aparentes. Sin embargo, Dios, en Su sabiduría y misericordia infinitas, solo quiere lo mejor para nosotros. Por último, lo que es mejor para nosotros es la vida eterna en un lugar de felicidad completa, el Paraíso.

“Su Señor les albricia [que serán recompensados] con Su misericordia, Su complacencia, y con jardines donde gozarán de delicias inagotables”. (Corán 9:21)

Al enfrentar cada prueba, un creyente debe tener la certeza de que Dios no decreta para él nada más que el bien. El bien puede estar entre los placeres de este mundo, o puede estarlo en el más allá. El Profeta Muhammad, que la misericordia y las bendiciones de Dios sean con él, dijo: “Qué maravilloso es el caso del creyente, pues sus asuntos son todos buenos, y esto se aplica solamente al creyente. Si le sucede algo bueno, agradece por ello y eso es bueno para él. Si le sucede algo malo, lo tolera con paciencia y eso es bueno para él”[1]. Dios nos pone a prueba con los problemas y tribulaciones de la vida, y si somos pacientes obtendremos una gran recompensa. A través de las circunstancias cambiantes y de los tiempos difíciles, Dios pone a prueba nuestro nivel de fe, comprueba nuestra capacidad de ser pacientes y borra algunos de nuestros pecados. Dios es completamente amoroso y sabio, y nos conoce mejor que nosotros mismos. No alcanzaremos el Paraíso sin Su misericordia, y ella se manifiesta en las pruebas y problemas de esta vida.

La vida de este mundo es un mero engaño. La cosa más benéfica para nosotros son las obras buenas que seamos capaces de realizar. La familia es una prueba, pues Dios nos dice que ella nos puede llevar por mal camino, pero igualmente puede llevarnos al Paraíso. La riqueza es una prueba, la codicia nos puede llevar a ser avaros, pero distribuirla para beneficio de los necesitados nos acerca a Dios. La salud también es una prueba. La buena salud puede hacernos sentir invencibles y que no necesitamos de Dios; pero la mala salud tiene una forma de hacernos humildes y de obligarnos a depender de Dios. Cómo reacciona un creyente ante las circunstancias de la vida es muy importante.

¿Qué pasa si los placeres de la vida de pronto se convierten en tormentos? ¿Cómo debe uno comportarse cuando es afligido por una enfermedad o una lesión? Por supuesto, aceptamos nuestro destino y tratamos de llevar el dolor, la tristeza o el sufrimiento con paciencia, porque sabemos con certeza que de ello Dios nos dará mucho bien. El Profeta Muhammad dijo: “No hay desgracia o enfermedad que le ocurran a un musulmán, ninguna preocupación, pena, daño o angustia —incluso una espina que lo pinche— sin que Dios le expíe algunos de sus pecados por ello”[2]. Sin embargo, somos seres humanos imperfectos. Podemos leer estas palabras, podemos incluso entender el sentimiento, pero comportarnos aceptándolas a veces es muy difícil. Es mucho más fácil lamentarnos y gritar acerca de nuestra situación, pero nuestro Dios Misericordioso nos ha dado una guía clara y nos ha prometido dos cosas: que si Lo adoramos y seguimos Su guía, seremos recompensados con el Paraíso; y que después de la dificultad viene la facilidad.

“Luego de toda dificultad viene la facilidad”. (Corán 94:5)

El creyente está obligado a cuidar su cuerpo y su mente; por lo tanto, mantener una buena salud es esencial. Sin embargo, cuando nos aflige la enfermedad o las lesiones, es vital seguir la guía de Dios. Un creyente debe buscar ayuda médica y hacer todo lo que le sea posible para curarse o recuperarse, pero al mismo tiempo debe buscar ayuda a través de la oración, el recuerdo de Dios y los actos de adoración. El Islam es una forma holística de vida, la salud física y la salud espiritual van de la mano. En la segunda parte, veremos más en detalle los pasos a tomar cuando somos afligidos por la enfermedad o las lesiones.

Footnotes:

[1] Sahih Muslim.

[2] Sahih Al Bujari, Sahih Muslim.

 

“Él posee las llaves de lo oculto y nadie más que Él las conoce. Él sabe lo que hay en la costa y en el mar. No hay hoja de árbol que caiga sin que Él lo sepa, ni grano en el seno de la tierra, o algo que esté verde o seco, sin que se encuentre registrado en un libro evidente”. (Corán 6:59)

Cuando nos afligen la enfermedad y las lesiones, las razones pueden no ser obvias o quizás estén más allá de nuestro entendimiento. Sin embargo, Dios solo quiere el bien para la humanidad. Podemos, por lo tanto, estar seguros de que hay una gran sabiduría detrás de las aflicciones, y que estas se nos presentan con la oportunidad para que desarrollemos una relación más estrecha con Dios. Como humanos, tenemos por supuesto libre albedrío y somos libres de elegir nuestro propio curso de acción en cualquier situación que se nos presente, pero la mejor reacción es la paciencia y la aceptación.

El Profeta Muhammad, que la misericordia y las bendiciones de Dios sean con él, nos informó que seremos probados de acuerdo a nuestro nivel de fe, y que el bien duradero que viene con estas pruebas será la purificación de nuestros pecados. Él dijo que un hombre será puesto a prueba según el nivel de su compromiso religioso, y que las pruebas seguirán afectando al siervo de Dios hasta que deje de caminar por la faz de la Tierra sin cargar pecado en lo absoluto[1].

Cuando la enfermedad o las lesiones nos sobrevienen, es natural sentir miedo. A veces podemos sentir resentimiento, preguntarnos por qué Dios ha permitido que esto nos ocurra. Cuestionamos y nos quejamos, pero en realidad esto no sirve para nada, excepto para acentuar nuestra pena o sufrimiento. Dios, en Su sabiduría y misericordia infinitas, nos ha dado orientaciones claras sobre cómo comportarnos cuando nos afectan las enfermedades o las lesiones. Si seguimos estas pautas, es posible sobrellevar las aflicciones con facilidad e incluso estar agradecidos. Cuando le sobrevienen enfermedades o lesiones, el creyente pone su confianza en Dios, expresa agradecimiento por cualquier condición que Dios haya decretado para él, y busca ayuda médica.

El tratamiento médico está permitido en el Islam, y buscar ayuda médica no niega ni anula la idea de poner la confianza de uno en Dios. El Profeta Muhammad dejó esto claro cuando dijo: “Ninguna enfermedad ha sido decretada sin que tenga una cura”[2]. Un creyente debe ir al doctor en busca de tratamiento de enfermedades y lesiones. Debe buscar un diagnóstico y una cura para enfermedades mentales o condiciones emocionales. Sin embargo, hay algunas estipulaciones, por ejemplo, que no debe buscarse la cura en algo prohibido como el alcohol. Dios no pone la cura en algo que Él ha prohibido.

No es permisible buscar curas en adivinos, hechiceros, lectoras de manos y otros charlatanes de cualquier tipo. Estas personas afirman tener conocimiento de lo oculto, lo que es imposible, y solo tratan de extorsionar a la gente y alejarlos del Único Dios Verdadero. Dios ha prohibido también el uso de amuletos y objetos para la suerte para protegerse contra la enfermedad y las lesiones. Todo poder y toda fuerza provienen solo de Dios. Invocar a cualquier otro en lugar de Dios para que nos cure o nos salve es un pecado muy grave.

Mientras buscas tratamiento o cura en este mundo físico, es importante buscar también cura a través de remedios espirituales. Lo primero a hacer es pensar positivamente sobre Dios, confirmar tu creencia en Él, y contemplar Sus nombres y atributos. Él es el Más Misericordioso, el Más Amoroso y el Más Sabio. Se nos aconseja nombrarlo por aquellos de Sus nombres que sean más apropiados para nuestras necesidades.

“A Dios pertenecen los nombres más sublimes, invócalo a través de ellos”. (Corán 7:180)

Dios no nos ha abandonado a los problemas, pruebas y tribulaciones de este mundo, Él nos ha brindado orientación y las armas más poderosas contra el tormento y la angustia: el Corán, palabras de conmemoración y súplicas, y la oración[3]. A medida que avanzamos en el siglo XXI, hemos comenzado a contar con ayuda médica en lugar de remedios espirituales auténticos; sin embargo, utilizar los dos mano a mano puede ser mucho más efectivo y veloz. En ocasiones la enfermedad persiste, en otras las lesiones se hacen crónicas; pero a veces la mala salud puede darnos una gran iluminación espiritual.

¿Con qué frecuencia hemos escuchado gente con enfermedades debilitantes o una invalidez terrible, agradeciendo a Dios por sus condiciones, o hablando acerca de cómo el dolor y el sufrimiento dan bendiciones y beneficios a nuestras vidas? Cuando nos sentimos solos y angustiados, Dios es nuestra única salida. Cuando el dolor y el sufrimiento se hacen insoportables, cuando no hay nada más que miedo y miseria, es cuando alcanzamos a Quien puede darnos la redención: Dios. La total confianza y la sumisión completa a la voluntad de Dios nos dan la alegría y la libertad que se conocen como la dulzura de la fe. Es paz y tranquilidad, y le permite a uno aceptar todas las condiciones que este mundo le brinda, las buenas, las malas, las feas, las dolorosas, las angustiantes y las felices.

Finalmente, es importante entender que las enfermedades y las lesiones pueden ser la forma en que Dios nos purifica. Como seres humanos, no somos perfectos, cometemos errores, hacemos obras malas, e incluso desobedecemos deliberadamente los mandamientos de Dios.

“Si los aflige una desgracia, es consecuencia de [los pecados] que sus propias manos han cometido, a pesar de que Dios les perdona muchas faltas [por Su gracia]”. (Corán 42:30)

La piedad de Dios nunca debe ser subestimada. Él nos pide que busquemos Su perdón. El Profeta Muhammad nos recordó que Dios espera que nos volvamos hacia Él. En la última parte de la noche, cuando la oscuridad cubre por completo la tierra, Dios desciende al cielo más bajo y le pregunta a Sus siervos: “¿Quién Me está haciendo una súplica? Se la responderé. ¿Quién está buscando algo de Mí? Se lo concederé. ¿Quién está buscando Mi perdón? Se lo daré”[4].

A menudo, la desgracia y el sufrimiento nos ocurren debido a nuestras propias acciones. Elegimos cometer pecados, pero Dios nos purifica a través de la pérdida de riqueza, de salud, o de las cosas que amamos. A veces sufrir ahora, en este mundo, significa que no sufriremos por toda la eternidad; a veces todo el dolor y la angustia significan que alcanzaremos una estación más alta en el Paraíso.

Dios conoce la sabiduría detrás del porqué les ocurren cosas buenas a personas malas, o por qué les ocurren cosas malas a personas buenas. En general, cualquier cosa que nos haga acudir a Dios es algo bueno. En tiempos de crisis, la gente se acerca a Dios, mientras que en tiempos de comodidad solemos olvidar Quién ha originado la comodidad. Dios es el Proveedor y Él es el Más Generoso. Dios quiere recompensarnos con vida eterna, y si el dolor y el sufrimiento nos pueden garantizar el Paraíso, entonces la mala salud y las lesiones son una bendición. El Profeta Muhammad dijo: “Si Dios quiere hacerle el bien a alguien, lo aflige con pruebas”[5].

Cuando las enfermedades atacan, el mejor curso de acción es agradecer a Dios, procurar acercarnos a Él, buscar ayuda médica, y contar las bendiciones que Él ha puesto sobre nosotros.

Footnotes:

[1] Ibn Mayah.

[2] Al Bujari.

[3] Para una explicación del poder sanador del Corán, por favor lee el artículo La salud en el Islam, parte 2.

[4] Sahih Al Bujari, Sahih Muslim, Málik, At Tirmidi, Abu Dawud.

[5] Sahih Al Bujari.

 

Por Aisha Stacey

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