¿Cuáles son los Milagros de Muhámmad?

Además del Corán - el más grande de los milagros -, el Profeta Muhámmad (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) realizó muchos milagros físicos frente a sus contemporáneos, quienes enumeran centenares de ellos[1].  Las narraciones de los milagros se han obtenido por métodos fiables y cadenas fuertes de transmisión, incomparables en la historia de las religiones.  Es como si los milagros se hubieran realizado delante de nuestros ojos.  El método meticuloso de trasmisión es lo que nos convence de que Muhámmad realizó estos milagros, con el permiso divino de Dios.  Esto fortalece la creencia en Muhámmad como Mensajero de Dios.

Los grandes milagros de Muhámmad fueron testimoniados por cientos de creyentes y también por escépticos; se revelaron versículos del Corán mencionando los eventos sobrenaturales que ocurrieron.  El Corán mencionó algunos milagros, grabándolos en la memoria de los creyentes.  Los incrédulos de esa época permanecieron callados cuando estos versículos fueron recitados.  Si estos milagros no hubieran tenido lugar, los incrédulos habrían tenido la oportunidad de negarlos y desmentir a Muhámmad.  Pero no pudieron decir que lo recitado en el Corán no había ocurrido realmente, porque ellos habían presenciado ese momento.  En cuanto a los que ya creían, lo cierto fue que estos milagros afianzaron su fe en Muhámmad (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) y en el Sagrado Corán.  Los creyentes se hicieron más fuertes en su fe y los incrédulos guardaron silencio sin poder negar los milagros del Profeta Muhámmad, que tuvieron lugar exactamente como el Corán lo describe.

Mencionaremos a continuación algunos de los milagros físicos realizados por Muhámmad (la paz y las bendiciones de Dios sean con él).

 

Los milagros sólo provienen del poder Divino

El milagro es sólo uno de los factores que llevan a fortalecer la credibilidad de un profeta de Dios; sin embargo, no deben ser el principal motivo para creer en él, porque los eventos sobrenaturales también pueden tener lugar por el uso de magia y ser obra de los demonios.  La verdad de la profecía es más clara y evidente por la naturaleza del mismo mensaje revelado.  Dios ha otorgado una capacidad, aunque limitada, a los seres humanos para reconocer la verdad, específicamente en materia de monoteísmo.

Pero para llevar más allá el argumento de la Profecía, Dios realizó los milagros a través   de las manos de Sus profetas; entre otros Moisés, Jesús y Muhámmad.  Por esta razón, Dios no produjo los milagros que pedían los mecanos, pero Dios es Sabio y le dio los milagros que Él deseó en el momento que Él quiso:

“…y por eso dicen: “¡Oh Muhámmad, no hemos de creer en ti hasta que no hagas brotar de la tierra un manantial para nosotros, o seas dueño de un jardín de palmeras y vides, y hagas brotar de repente arroyos en medio de ellas, o hagas que los cielos caigan sobre nosotros en pedazos, como amenazas, o hasta que nos traigas a Dios y a los ángeles como garantía, o seas dueño de una casa hecha de oro, o asciendas al cielo, y no creeríamos en tu ascensión a menos que nos trajeras del cielo una escritura que pudiéramos leer!”  Di: “¡Infinita es la gloria de mi Sustentador!  ¿Acaso no soy sino un ser humano, un enviado?” (Corán 17:90-93)

La respuesta era:

“Y nada Nos ha impedido enviar signos milagrosos, excepto Nuestro conocimiento de que los antiguos los desmintieron: así, dimos a la tribu de Zamud la camella, como un milagro luminoso, pero pecaron asesinándola.  Y nunca enviamos tales signos sino para comunicar una advertencia.” (Corán 17:59)

Cuando reclamaban milagros, Dios en Su sabiduría supo que ellos no creerían, por esta razón se negó a mostrarles los milagros solicitados:

“Juran ahora por Dios, con sus juramentos más solemnes, que si se les mostrara un milagro ciertamente creerían en esta escritura divina.  Di: “Los milagros están sólo en poder de Dios”.  Como está también lo que os hará ver, que aunque les llegara ese milagro no creerían, pues Nosotros mantendremos sus corazones y sus ojos apartados de la verdad, como cuando descreyeron de ella la primera vez: y les dejaremos en su desmesurada arrogancia, vagando ciegos de un lado para otro.” (Corán 6:109-110)

Footnotes:

[1] Los Milagros de Muhámmad fueron cientos, ver ‘Muqaddima Sharh’ Sahih Muslim’ de al-Nawawi y ‘al-Madkhal’ de al-Baihaqi.

 

El milagro de la partición de la luna en dos

Una de las tantas veces en que Dios realizó milagros a través del Profeta, sucedió que los habitantes de la Meca exigieron ver un milagro de Muhámmad, para que mostrara la veracidad de su profecía.  Dios dividió la luna en dos mitades separadas y luego las volvió a unir.  El Corán registró ese evento:

“El Día del Juicio está próximo, y [como señal de ello] la Luna se partió en dos [cuando los incrédulos de La Meca le pidieron al Profeta Muhámmad un milagro]” (Corán 54:1)

El Profeta Muhámmad recitaría luego estos versículos del Corán en las oraciones comunitarias del viernes y de ambos Eid.  ¡Si este evento jamás hubiese ocurrido, los musulmanes habrían dudado de su religión y muchos la habrían abandonado! Los mecanos habrían dicho: “el profeta es un mentiroso… ¡la luna nunca se partió, y nosotros nunca la vimos partirse ni unirse!”.  En cambio, los creyentes fortalecieron su fe y la única explicación que encontraron los mecanos incrédulos fue decir ‘¡es magia!’.

“Pero cuando contemplaron dicho signo, se rehusaron a creer y dijeron: Esto es magia poderosa.  Desmintieron [ la Verdad ] y siguieron sus pasiones.  Y sabed que la fe de los hombres [y su destino] ya ha sido decretada.” (Corán 54:2-3)

El milagro de la división de la luna fue presenciado por muchos testigos oculares, y transmitido a través de una cadena ininterrumpida de estudiosos confiables, tantos, que es imposible que pudiera ser falso (a esto se denomina hadiz mutawátir).

Un escéptico podría preguntar:¿Acaso tenemos alguna evidencia histórica independiente que sugiera que la luna alguna vez se haya separado en dos partes?  Después de todo, las personas alrededor del mundo deben de haber visto este evento maravilloso y lo deben haber registrado de una manera u otra.

Existen dos respuestas a esta pregunta.

Primero, las personas alrededor del mundo no podrían verlo porque, mientras esto ocurría, en muchos lugares era de día, muy tarde por la noche, o el comienzo de la mañana.  La tabla siguiente nos dará una idea del tiempo en el mundo correspondiente a las 9:00 p.m. en la cuidad  de La Meca.

La Meca

9:00 p.m.

India

11:30 p.m.

Reykjavik, Islandia.

6:00 p.m.

Washington D.C.

2:00 p.m.

Río de Janeiro

3:00 p.m.

Tokio

3:00 a.m.

Beijing

2:00 a.m. 

Además, es probable que un gran número de personas no lo vieran porque no existen razones para estar mirando el cielo durante toda la noche.  Aun cuando algunos lo hayan visto, no significa necesariamente que lo hayan creído ni que hayan guardado un registro escrito de este hecho, sobre todo cuando muchas civilizaciones de esa época no conservaban su propia historia por escrito.

Segundo, sí contamos con una independiente, asombrosa e histórica evidencia que corrobora este maravilloso evento, proporcionada por un rey indio de la época.

Kerala es un estado de India, se extiende por unos 580 kilómetros[1]  a lo largo de la Costa de Malabar en el lado del sudoeste de la península india.  El Rey Chakrawati Farmas de Malabar, era un rey de la dinastía Chera.  Él registró haber visto la división de la luna.  El evento se encuentra documentado en un manuscrito que reposa en la India Office Library, en Londres, bajo el número de referencia: Árabe, 2807, 152-173.[2]  Más tarde, un grupo de comerciantes musulmanes que pasaron por Malabar en su viaje a China hablaron con el rey acerca de cómo Dios había apoyado al profeta árabe con el milagro de división la luna.  El rey asombrado dijo que él también lo había visto con sus propios ojos, entonces nombró regente de su estado a su hijo, y se dirigió a Arabia para encontrarse con el Profeta personalmente.  El rey de Malabar se encontró con el Profeta, pronunció los dos testimonios de fe, se instruyó en los elementos esenciales de fe, pero falleció antes de regresar a la India y fue enterrado en la ciudad portuaria de Zafar[3], en el Yemen.

Se dice que el contingente regresó acompañado por un musulmán, Malik Ibn Dinar, y continuaron hacia Kodungallure, la capital Chera, construyendo allí la más antigua mezquita de la India en el año 629 d.C., la cual todavía existe.

La noticia de que el rey había aceptado el Islam se dispersó por Kerala, donde las personas comenzaron a aceptar el Islam.  Las personas de Lakshadwip y Moplas (Mapillais) de la provincia de Calcuta de Kerala que aceptaron el Islam fueron muchas a partir de esos días.

El avistamiento del milagro en la India, y la reunión del rey indio con el Profeta Muhámmad también se encuentran registrados en las fuentes históricas musulmanas.  El famoso historiador musulmán, Ibn Kazir, menciona que el milagro de la división de la luna fue reportado en muchas regiones de India[4].  Así mismo, los libros de hadiz han documentado la llegada del rey indio y su encuentro con el Profeta.  Abu Sa’id al-Judri, un compañero del Profeta Muhámmad, narró:

“El rey indio vino al Profeta con un frasco de jengibre.  Los compañeros lo comieron pedazo por pedazo.  Yo tomé un bocado también”.[5]

El rey fue considerado así un Sahabah (término usado para designar a una persona que conoció al Profeta y murió como musulmán) y su nombre fue registrado en el mega-compendio que describe las crónicas de los compañeros del Profeta[6].

 

El viaje nocturno y la ascensión a los Cielos

Unos meses antes de la emigración de La Meca a Medina, Dios transportó a Muhámmad una noche desde la Gran Mezquita de La Meca, hasta la Mezquita Al-Aqsa en Jerusalén, un viaje que demandaba cerca de un mes si era hecho por el desierto en una caravana, dados los 1.230 Km. de distancia. Desde Jerusalén, el Profeta ascendió a los cielos, pasando los límites del universo físico para estar en la presencia divina, encontrarse con Dios, y dar testimonio de Su Grandiosidad.  Cuando estuvo de regreso en La Meca, el Profeta (SAW) relató lo sucedido y pudo demostrar la veracidad de sus palabras de dos maneras.  Primero, el Profeta (SAW) describió las caravanas que divisó de regreso a La Meca, dijo dónde estaban y cuándo podría esperarse que llegaran; y cada una llegó como el Profeta había predicho, y los detalles fueron como él los había descrito.’[7]  Segundo, él jamás había ido antes a Jerusalén, sin embargo describió la Mezquita al- Aqsa a los escépticos que le reclamaban detalles de lo que había visto.

Este viaje místico se menciona en el Corán:

“Glorificado sea Quien transportó a Su Siervo durante la noche, desde la Mezquita Sagrada [de La Meca] a la mezquita lejana [de Jerusalén] cuyos alrededores bendijimos, para mostrarle algunos de Nuestros signos.  Él es Omnioyente, Omnividente.” (Corán 17:1)

“¿Acaso vais a desmentir lo que vio?  Sabed que ciertamente ya le había visto [al Ángel Gabriel] en otro descenso, junto al loto que demarca el límite [de los siete cielos], donde se encuentra el jardín de la residencia eterna [el Paraíso].  [Cuando el Profeta Muhámmad, la noche del viaje nocturno y la ascensión, estuvo allí] El loto fue cubierto, y su mirada no se desvió [de lo que debía mirar], ni tampoco se extralimitó.  Y por cierto que contempló algunos de los más grandes signos de su Señor.” (Corán 53:12-18)

El evento también es confirmado mediante de testimonios oculares transmitidos de generación en generación, a través de una cadena ininterrumpida de estudiosos fiables (hadiz mutawátir)[8].

 

Footnotes:

[1] “Kerala”. Encyclopedia Britannica de Encyclopedia Britannica Premium Service.  (http://www.britannica.com/eb/article-9111226)

[2] Esta historia aparece en el libro “Muhámmad Rasulullah” de Muhámmad Hamidullah: “Esta es una Antigua tradición de Malabar, costa sudoccidental de India. Se relata que Chakrawati Farmas, uno de sus reyes, habiendo observado partirse la luna, fue luego informado de que se trataba de un milagro del Profeta de La Meca, entonces deseó conocer al Mensajero de Dios que se encontraba en Arabia, estableció a su hijo como regente y partió para encontrarse con el Profeta. Se convirtió al Islam de la mano del Profeta, y cuando emprendió el viaje de regreso murió cerca del Puerto de Zafar, Yemen, donde su tumba fue por mucho tiempo lugar de piadosa visita”.

[3] ‘Zafar: en la Biblia, Sephar, también nombrado como Sapfar, o Safar, antiguo lugar de Arabia localizado al suroeste de Yarim en el sur de Yemen. Fue la capital de los Himyaritas, una tribu que fue poderosa en el sur de Arabia entre el 115 a.C. y el 525 d.C.; cuando cayeron bajo el dominio Persa (575), Zafar fue una de las ciudades más importantes del sur de Arabia; de hecho, es nombrada no sólo por los cronistas árabes, sino también por griegos y romanos. Luego de la desaparición del reino de Himyar, y con el surgimiento del Islam, Zafar gradualmente entró en decadencia’. Ver “Zafar”, Enciclopedia Británica (http://www.britannica.com/eb/article-9078191).

[4] ‘Al-Bidaya wan-Nihaya,’ de Ibn Kazir, vol 3, p. 130.

[5] Trasmitido por Hakim en ‘Mustadrik’ vol 4, p. 150. Hakim dijo: ‘No he registrado otro relato donde el Profeta comiera jengibre’.

[6] ‘Al-Isaba’ de Ibn Hayr, vol 3.  p. 279 y ‘Lisan ul-Mizan’ de Imam al-Dhahabi, vol. 3 p. 10 bajo el nombre ‘Sarbanak’, nombre con el que lo conocieron los árabes.

[7] ‘Muhámmad: su vida basada en las fuentes más antiguas’ de Martin Lings, p. 103.

[8] Cuarenta y cinco compañeros del Profeta narraron el viaje a Jerusalén y la ascensión a los cielos. Ver el trabajo de los maestros del ahadiz:  ‘Azhar al-Mutanathira fi al-Ahadith al-Mutawatira’ de as-Suyuti p. 263 y ‘Nadhm al-Mutanathira min al-Hadith al-Mutawatir’, de al-Kattani, p. 207.

Existen muchos otros milagros que el Profeta realizó y que se mencionan en la Sunnah (el conjunto de dichos, hechos, aprobaciones y reprobaciones del Profeta).

 

El tronco del árbol

En Medina, el Profeta Muhámmad  solía dar sermones apoyado en el tronco de un árbol. Cuando el número de musulmanes aumentó, alguien pensó en la necesidad de construir un púlpito para que el Profeta lo usara al dar sus sermones. Cuando el púlpito fue construido, el Profeta abandonó el tronco del árbol. Abdullah Ibn Umar, uno de sus compañeros, narró que entonces ocurrió un hecho extraordinario. El tronco, donde el Profeta solía apoyarse, comenzó a llorar. Entonces el Profeta tuvo misericordia de él y lo confortó con su mano.[1]

El evento confirmado por varios testigos oculares y fue trasmitido a través de los siglos mediante una cadena ininterrumpida de eruditos fiables (hadiz mutawátir).[2]

 

El fluir del agua

En más de una ocasión cuando las personas estaban en necesidad urgente de agua, la bendición de Muhámmad los salvó. En el sexto año después de que el Profeta emigró de La Meca a Medina, se dirigió a La Meca para realizar la peregrinación. En la larga jornada a través del desierto, las personas se habían terminado toda el agua que traían consigo, sólo el Profeta había dejado un recipiente con el que realizaba la ablución para las oraciones. Entonces, él puso su mano en el recipiente y el agua empezó a fluir de entre sus dedos. Yabir ibn Abdullah, quien presenció este milagro junto a unos mil quinientos hombres más, dijo: “Bebimos de esta agua e hicimos la ablución”[3].  Este milagro ha sido transmitido a través de una cadena ininterrumpida de eruditos fiables (hadiz mutawátir).[4]

El fluir del agua de entre los dedos del Profeta Muhámmad, es similar al milagro de Moisés cuando de una piedra fluyó agua para que tomaran sus seguidores.

 

Bendecir la comida

En más de una ocasión, el Profeta bendijo la comida orando o tocándola para que todos los presentes pudieran comer hasta saciarse. Esto sucedió en épocas cuando la escasez de comida y agua afligía a los musulmanes.[5]  Estos milagros tuvieron lugar en presencia de un gran número de personas y, por lo tanto, son imposibles de negar.

 

Sanar al enfermo

Abdullah Ibn Atik se rompió una pierna y Muhámmad lo sanó sólo pasando su mano sobre ella. Abdullah dijo que sintió como si jamás le hubiera pasado nada. La persona que dio testimonio de este milagro era otro compañero, Bara Ibn Azib (Registrado en Sahih Al-Bujari)

Durante la expedición a Jaibar, Muhámmad sanó los ojos adoloridos de Ali Ibn Abi Talib delante de todo el ejército. Ali, muchos años después, se convirtió en el cuarto califa de los musulmanes.[6]

 

Exorcismos

Muhámmad exorcizó el demonio de un muchacho que había sido traído por su madre para ser sanado por él, diciendo: '¡Sal fuera! ¡Yo soy Muhámmad, el Mensajero de Dios! La mujer dijo: “Juro por Quien te envió con la verdad, que no hemos vuelto a ver algo malo en él desde entonces”.[7]

 

Las súplicas respondidas

(1)  La madre de Abu Huraira, uno de los compañeros más cercanos a Muhámmad, solía hablar mal del Islam y de su Profeta. Un día, Abu Huraira acudió llorando a Muhámmad y le pidió que orara para que su madre fuera guiada. Muhámmad oró, y cuando Abu Huraira regresó a su casa  encontró a su madre lista para aceptar el Islam. Ella dio el testimonio de fe delante de su hijo, y entró así en el Islam.[8]

 

(2)  Yarir Ibn Abdullah fue comisionado por el Profeta para viajar a un lugar donde se adoraba un ídolo en lugar de Dios y destruirlo, pero éste se quejó de no poder montar bien a caballo. El Profeta oró por él, rogando: 'Oh Dios, hazlo un jinete fuerte, uno que es guiado y que guía a los demás'. Yarir dijo que nunca volvió a caerse de su caballo después de esa oración del Profeta.[9]

 

(3)  Las personas sufrían hambre en la época de Muhámmad. Un hombre se puso de pie cuando Muhámmad estaba ofreciendo el sermón semanal del viernes, y dijo: 'Mensajero de Dios, nuestra riqueza se ha destruido por la sequía y nuestros niños están hambrientos. Pide a Dios por nosotros'. Muhámmad levantó sus manos e hizo una plegaria.

Aquéllos que estaban presentes testificaron que en el momento en que él bajó sus manos, las nubes empezaron a formarse tan grandes como las montañas.

¡Cuando él bajo de su púlpito, la lluvia estaba goteando de su barba!

¡Llovió durante una semana entera hasta el siguiente viernes!

El mismo hombre se puso de pie nuevamente, y esta vez se quejó así: 'Mensajero de Dios, nuestros casas se derrumban, y nuestras propiedades se inundan, pide a Dios por nosotros’.

Muhámmad levantó sus manos y elevó una plegaria: 'Oh Dios, (haz que caiga la lluvia) alrededor nuestro, pero no sobre nosotros'.

¡Aquéllos que estaban presentes testificaron que las nubes se retiraron en la dirección hacia la que él apuntó, la ciudad de Medina fue rodeada por las nubes, pero no había ninguna nube sobre de ella![10]

 

(4)  Esta es una hermosa historia de Yabir: Él narró que en una ocasión, el camello que montaba estaba exhausto porque se lo usó para transportar agua. El camello apenas podía caminar. Muhámmad le preguntó: '¿qué ocurre con tu camello?' Al ver lo cansado que estaba el pobre camello, Muhámmad hizo una plegaria por el animal, y Yabir nos dice que, desde entonces, el camello siempre estaba delante de los otros, enérgico y aventajándolos con su paso. Muhámmad le preguntó a Yabir: ¿Cómo se encuentra tu camello? ‘Yabir respondió: 'está bien, tu bendición lo ha ayudado mucho'. Muhámmad compró el camello de Yabir por una pieza de oro, con la condición que Yabir lo montara de regreso a la ciudad. A la mañana siguiente, Yabir llevó el camello a Muhámmad, pero Muhámmad le dio la pieza de oro y le dijo que conservara su camello.[11]

No es de extrañar que aquéllos que vivieron junto al Profeta dieran testimonio de estos grandes milagros, realizados frente a inmensas muchedumbres, estando totalmente seguros de su veracidad.

Footnotes:

[1] Sahih Al-Bujari.

[2] Más de diez Sahabas transmitieron esta historia. Ver Shamail de Ibn Kazir pág. 239.

[3] Sahih Al-Bujari.

[4] Ver Al-Shifa por el Qadi Aiadh pág. 405.

[5] Sahih Al-Bujari.

[6] Sahih Al-Bujari y Sahih Muslim.

[7] Musnad del Imam Ahmad.

[8] Sahih Muslim.

[9] Sahih Muslim.

[10] Sahih Al-Bujari y Sahih Muslim.

[11] Sahih Al-Bujari y Sahih Muslim.

 

Fuente: